Graduación PFC Marzo 2012
Toda ceremonia de graduación es, definitivamente, un acto que trasciende e implica algo más que la entrega de unos títulos profesionales que si bien habilitan para el ejercicio docente no reflejan ni expresan con exactitud lo que significan para cada quien en términos de desvelo, sacrificio personal, solidaridad familiar y dedicación intelectual.
Merced a la indiferencia generalizada respecto a nuestro contexto ecológico, las tardes tegucigalpenses se han vuelto extremadamente cálidas y esta no es la excepción, sobre todo para aquellos que como los graduandos y nosotros vestimos las togas simbólicas del evento.
Y hoy nos reúne una ocasión que, además, se inserta en la semana en que conmemoramos el inicio oficial, en marzo de 1957, cincuenta y cinco años atrás, de las labores administrativas de la Escuela Superior del Profesorado, ilustre antecedente de la actual Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán, un centro de estudios superiores que tiene muy clara su responsabilidad social, política, cultural y que la asume con el sentido de compromiso que este tercer milenio exige, con la dignidad que demandan los tiempos que corren.
La revolución tecnológica—que eso es y no otra cosa: la abolición de métodos convencionales, la superación de las barreras informativas, el desafío más atrevido de la imaginación—no ha podido, aun con todos sus logros, eliminar los paradigmas fundamentales, sobre todo aquellos relacionados con los valores humanos irrenunciables, particularmente en área tan sensible y delicada como el ejercicio de la docencia.
Enseñar sigue siendo una tarea de naturaleza paradójica: la complejidad simplificada, la esencia vuelta sustancia, oscuridad y luz. Y en este ajetreo aparentemente contradictorio, la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán, aunque muchos se resistan a aceptarlo y otros persistan en ignorarlo, se evidencia y consolida como una de las mejores y única de su tipo en la región centroamericana.
Nuestra carta de presentación no solo son las carreras que ofrecemos en pre grado, maestrías y doctorado en Educación, no es solo nuestra amplia cobertura a través de la sede principal en Tegucigalpa, los centros regionales de SPS y Ceiba, las sedes del CUED en Santa Rosa de Copán, Choluteca, Santa Bárbara, Comayagua, las subsedes en Nacaome y Gracias Lempira; es sin lugar a dudas por nuestro compromiso por la calidad educativa, por contribuir con el desarrollo del país. Programas como el de Formación Continua son un ejemplo claro de ello y representan una puerta amplia para el acceso a la educación universitaria de aquellos que residen en comunidades distantes a los núcleos poblacionales donde tenemos nuestros centros, sedes y sub sedes, pero que conservan igual rigor académico.
No quiero sin embargo finalizar mis palabras sin congratular al equipo que conforma el Programa de Formación Continua, equipo coordinado por el colega Julio Navarro Pozo.
Tampoco puedo concluir mi intervención sin reconocer el indiscutible rol que en este triunfo compartido han desempeñado aquellos que, como eficaz retaguardia (padres, madres, hermanos, cónyuges, amigos, etcétera), contribuyeron en el afán de cada uno de ustedes.
Para ese sostén continuado, con quienes en esta tarde son copartícipes de su éxito académico, y con mis compañeros de la Mesa Principal, queremos felicitarles a todos ustedes nuestros graduandos por este éxito alcanzado. Hoy reciben un título que les otorga un grado académico, pero que además lleva impreso el nombre de Oscar Acosta, poeta residente de nuestra institución y un ejemplo digno de emular, no sólo por sus logros, sino por el compromiso con su país reflejados en cada uno de sus actos de su vida personal y profesional.
Muchas Gracias…