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DE AUTONOMÍAS Y EXCLUSIVIDADES

En su plena e histórica capacidad de llamar las cosas por su nombre, la lengua española resulta tan precisa como exacta y puntual. Así, la palabra “autónomo” significa el estado o situación de una persona, entidad o institución, que goza de independencia; el término “exclusividad” implica “la inexistencia de algo igual o similar” y que a su vez origina el adjetivo “exclusivo” (único, solo; que tiene la capacidad para excluir a alguien o algo).

Ello viene al caso por la desmesurada reacción de lo que veintidós años atrás se denominó con suma propiedad—era la única en el nivel—la “máxima casa de estudios” en el sistema educativo hondureño y a propósito de un proyecto de Ley de la Educación Superior que el Congreso nacional introdujo en su seno, pero que turnará a una comisión “ad hoc” buscando el consenso de todas las universidades del país, como debe ser.

Nadie podría negar las obsolescencias y anacronismos de una legislación que ya no responde ni resuelve la problemática de las actuales circunstancias, sobre todo incapaz de orientar y favorecer decisiones que beneficien a una juventud ávida de oportunidades y que, en el contexto universitario, solamente pueden ofrecerle las instituciones públicas, de carácter estatal, como lo es y seguirá siéndolo la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán, un centro de estudios cincuentenario y con un costo de ingreso menor al de cualquier universidad del país. La reforma o actualización de la Ley de Educación Superior no puede ser producto de especulaciones políticas ni campañas de desinformación: el hecho exige un uso honesto de las palabras, de manera que términos como “calidad”, “pertenencia”, “visión”, “lealtad”, “ética”, “responsabilidad” y “seriedad profesional” , entre otros, abandonen la simulación de contenidos y los escenarios mediáticos.

La autonomía y el porcentaje presupuestario del que goza la UNAH, deben mantenerse incólumes, nadie debe intentar siquiera vulnerarlos. Pero, alguna vez, habrá que comprenderse el inexorable transcurrir de la historia y la imposibilidad de que nuestra universidad, como las otras cuatro públicas que comparten este anhelo, tan justo como necesario, sigan manteniendo una sumisa sujeción a un criterio que nos excluye como partícipes activos y decisivos en la formación intelectual, humanística, científica y tecnológica, de los sectores más desfavorecidos en esta tierra pródiga y digna de un mejor destino.


Por eso, reiteramos: Para la Pedagógica, autonomía ahora.

 

Tegucigalpa, M.D.C., 27 de enero de 2012.

UNIVERSIDAD PEDAGÓGICA NACIONAL

FRANCISCO MORAZÁN

Educar es transformar